La maternidad: ¿copiar
o inventar?
“Ser mamá”: ¿de qué se trata?
Cada mujer busca sin saberlo responderse a esta pregunta.
Cientos de libros proliferan hoy anunciando que en su interior está “la clave”
de cómo ser mamá. Muchos concejos que se oyen y se leen que brindan la ilusión
de que podría existir “una manera de ser mamá válida para todas”. Mucho es lo
que se dice y lo que cada una pareciera tener que escuchar acerca de lo que le
ha “funcionado” a otras, pero nada de esto es suficiente para que cada mamá se
responda a la pregunta inicial.
¿Por qué será que
ninguna de esas vías llega a decir de qué se trata esto de ser mamá? ¿Cómo es
que CADA UNA podría encontrar su propia respuesta?
Parir no es suficiente
para ser mamá. Podríamos decir que el puro acto de parir no hace a una
mujer madre, lo que hace que la función de la maternidad sea sustituible. Las
antiguas prácticas de las nodrizas y las prácticas más actuales de adopción lo
testimonian.
Ser mamá y desempeñar la función de
la maternidad significa poder constituirse como un Otro primordial de ese ser
vivo que acaba de nacer, y para esto: cuatro actos fundamentales:
Cuatro
actos fundamentales que hacen a una mamá
A partir de mi experiencia clínica
con adultos y con niños, considero que hay cuatro actos fundamentales que
hacen al “ser mamá”:
Sostener, hablar, amar
y desear
Sostener
Todo bebé al nacer, es prematuro.
Por si solo no puede vivir, necesita de otro que le proporcione los cuidados
necesarios para poder vivir. Generalmente es la mamá quien se encarga de
proporcionarlos.
Pedro: ¿Ser mamá, es solo cuidar de
un hijo? Poder llegar a ser ese Otro primordial de un hijo es algo más que
cuidarle. Para que de ese “cachorro humano” surja un sujeto de deseos, vital,
capaz de amar a los otros y de desear en la vida, necesita algo más que un otro
que le cuide, necesita un otro que le hable.
Ser mamá significa
convertirse para el niño en un “tesoro de palabras”. ¿Qué significa esto?
Hablar
La madre en tanto que es un ser de
palabra, que habla y que por lo tanto siente, ama, desea… deja su marca en
el niño. Las palabras de la madre van tocando, nombrando el ser del niño
y a su cuerpo, cuestión que va teniendo efectos fundamentales.
Que la mamá se constituya como ese
“tesoro de palabras” para el niño va haciendo que éste vaya dejando de ser para
la mamá un “cachorro humano”, considerando que en su bebé hay otro que siente,
que ama, que se angustia, que echa de menos, que desea, aunque no sepamos qué. Esta
cuestión será fundamental para el destino de ese niño.
Las palabras que la
mamá va poniendo en el niño serán estructurantes para la vida de este, van
dejando marcas y produciendo efectos en él.
Amar
Considero que podemos hablar de dos
dimensiones del amor, en una madre para su hijo: el amor en el sentido
de la fascinación, del enamoramiento. La madre siente que ese hijo la
completa, que es todo para ella y a veces que no necesitaría nada más para
poder vivir. Momento en que la madre siente que da todo a su hijo y que entre
los dos pueden darse todo.
Es importante que pensemos en el
reverso de esta cuestión, el lugar que le queda al niño en tanto ser lo que
completa, colma y donde se agota el deseo de la madre. ¡Vaya lugar si esto se
prolonga!
Para que lo vital siga su
transcurrir es necesario que en ese lazo de la madre y su hijo tenga lugar una
segunda dimensión del amor, en donde ese “todo” que siente que pueda dar y
recibir de su hijo empieza a quebrarse emergiendo la sensación de “no todo
se satisface aquí”.
Ya la madre sentirá que “no tiene
todo” para darle a su hijo dando lugar a que este desee más allá de ella, como también que en su hijo “no está todo”
lo que ella desea, que ella desea más allá de él; que más allá de ser mamá
es mujer.
Pero que esto sea lo deseable, no
quiere decir que todas las madres hagan este pasaje o que lo hagan sin
dificultad.
La mamá que se queda en esa primera
dimensión, inconscientemente se resistirá a perder ese niño que ella siente que
la llena, obstaculizando que éste crezca, se independice, se separe, vaya más
allá de ella. Es una situación que se encuentra fácilmente detrás de diversos
síntomas que hacen los niños: encontramos esta cuestión detrás de síntomas que
los niños hacen en el cuerpo (enuresis, asma, etc) en la escuela, en niños con
dificultades para establecer lazos con otras personas, por ejemplo en el cole.
¿Qué lugar para el
niño?
El que una mamá se quede instalada
en el “todo completo con mi hija” o pueda hacer el pasaje a ese “no todo
completo con mi hijo, necesito algo más” hará que el niño se ubique en un lugar
o en otro, quedarse ahí o querer salir al mundo.
Podríamos decir que
para que un hijo salga al mundo deberá consentir primero salir de los brazos de
mamá. Es importante que una mamá pueda abrir sus brazos para alojar a su hijo y
luego para que salga.
Desear
No es lo mismo “desear”
que “anhelar” un hijo. Justamente el que la mujer no esté toda llena,
completa, sino que sienta que algo le falta, hace a una mujer “deseante” y
permite, entre otras cosas, que el deseo de un hijo emerja y que cuando éste
llegue pueda ser alojado en un lugar vacío, inédito en su vida.
Hay mujeres que no tienen una buena
relación con esa sensación de “falta” y convencidas de que no les falta nada,
de que están completas, buscan un hijo. El hijo ahí no viene a un lugar vacío e
inédito sino a ser “algo más a sumar”, es más del orden de un anhelo que de un
deseo. Encontramos esta cuestión muchas veces detrás de síntomas de
esterilidad (cuando orgánicamente no se ha encontrado ninguna causa), en
mujeres que no son estériles pero que si tienen un problema con el deseo y que
cuando pueden despejar esta cuestión el síntoma se resuelve.
A la hora de que ese bebé que acaba
de nacer advenga un “sujeto de deseo y de vida” es necesario que la madre tenga
un deseo claro donde alojarlo. Como es importante que luego la mamá pueda
transmitir a su hijo un deseo propio más allá de él (el deseo por su pareja,
por una profesión, por una pasión…) No se trata de que el deseo de la madre sea
insondable para el hijo, eso desorienta a los niños, aunque siempre será un
tanto enigmático.
¿De qué manera puede
una mamá llevar a cabo estos actos fundamentales?
La manera en que cada mujer viva su
maternidad y establezca el lazo con su hijo, no estará desconectada de su
propia historia, de su relación con la vida, con el deseo. Tampoco del lugar
que en su vida haya podido hacerle a su hijo, de qué signifique su hijo para
ella. Esto hace que la manera en que cada mujer viva su maternidad siempre
será única y original. Esto no significa que cada mujer sepa claramente
estas cuestiones, ya que éstas en un principio se encuentran alojadas en su
inconsciente, ahí donde sin saberlo se alojan las marcas de su historia
singular, las marcas que el lazo con su propia madre dejó en ella.
Son marcas que le llevan a ser, a
sentir, a vivir la maternidad de una determinada manera, a esforzarse por hacer
de una manera y no de otra, y a veces a hacer lo que justamente no quiere y
repetir eso tan rechazado.
¿Si la maternidad es
una experiencia de vida tan singular en la que se ponen en juego vivencias tan
íntimas de cada mujer, cómo plantear un “modelo” a copiar? Son muchos los
modelos que se plantean hoy en el mercado maternal, muchas mamás intentan
seguirlos a rajatabla acabando la mayoría de las veces en un sentimiento de
frustración e impotencia cuando se encuentran con la emergencia de lo más
propio de ellas que las aleja del modelo elegido.
No creo que en la Copia se encuentre
la “buena salida” a la maternidad o el secreto de un “saber hacer”. Creo que
cada una, si lo desea puede inventar su propia manera de ser mamá, sus
propias salidas, cada una puede ir encontrando su propio “saber hacer” en
la que su historia tenga un lugar, sus deseos, sus límites, aunque a veces se
haga necesario revisar alguna parte de ésta historia para que la invención sea
real y no una repetición de la manera encontrada por su propia madre.
Cada mujer, al ser
madre tiene la posibilidad de descubrir algo nuevo en ella, algo no conocido,
no sabido de ella misma hasta ese momento, ¡Cómo no animarse a inventar su
propia manera con ello!
Celeste Stecco – Psicoanalista