Empezar
el cole es una experiencia, algo se experimenta,
algo se siente, algo se vive. Es una experiencia para el niño, para su
mamá, su papá y su maestra/o.
Que
el acto de empezar el cole sea vivido como una experiencia requiere que el cole
sea algo más que el lugar donde un niño va a pasar las horas. Requiere que el
cole represente al mundo, ese “mundo grande” al que se entra una vez se traspasan las fronteras de casa.
Que
el niño “viva” la experiencia de la escuela no está garantizado por el solo
hecho de ir y obedecer. Es necesario que el
niño CONSIENTA la experiencia, que desee ir más allá de casa, mas allá de
mamá y papá, solo así podrá habitar la escuela, hacerla suya.
No
se trata solo de que un niño “vaya al cole” sino de que un niño pueda incluir a
la escuela en su mundo, pueda habitarla y encontrar allí un buen lugar para él.
Pero
su consentimiento no es suficiente, la
manera en que mamá y papá vivan la experiencia también se pone en juego.
Cómo
un niño viva su salida de casa y su entrada al cole siempre está conectada a la
manera en que la viven sus padres. A veces los niños se resisten a ir más allá
de las fronteras de casa, a separarse de sus padres, pero a veces son los
padres los que se resisten a abrirles la puerta y a acompañarles.
Mamá y papá también
tienen una operación a hacer para poder asumir que el hogar familiar no
es “el mundo” del niño, que ahora habrá otros de los que aprenderá, con los que
se identificara, con los que establecerá lazos importantes, a los que amará.
Esto
hace que “llevar” a un hijo al cole no sea suficiente por parte de los padres,
se necesita que ellos también CONSIENTAN
esta experiencia. Este consentimiento a veces no es fácil para los padres,
y son las dificultades de la mamá o del papá las que encontramos detrás de
muchos de los llamados “problemas de adaptación” en los niños, ya que para ellos no es fácil consentir lo que sus
padres no consienten.
No
solo el consentimiento del niño y de los padres es fundamental para la manera
en la que un niño “viva” su entrada al cole; también la escuela deberá consentir al niño.
Que
el niño pueda incluir a la escuela en su mundo, que pueda habitarla y encontrar
un buen lugar para él requerirá que la
escuela le haga un lugar en ella desde el cual adquirir una cultura y donde
poder hacer con su deseo, su curiosidad, con su sed de saber.
Que
un niño pueda hacer con su deseo requiere que la escuela, que su maestra/o
posibilite su propia construcción, su invención, respetando sus tiempos y su
lógica, respetando su singularidad.
Al
empezar el cole, un niño se encuentra con su maestro, con otros niños, y con el
campo del saber. Que se produzcan “buenos
encuentros” no solo dependerá del niño y de sus padres.
Hoy
vivimos en un mundo en el que la evaluación está teniendo un lugar protagónico
y el sistema educativo no se queda fuera de este empuje, haciendo que muchas
escuelas hayan pasado de ser un lugar a habitar por el niño para hacerse con el
mundo para ser una institución donde se “evalúan competencias”, estableciéndose
entre los niños “relaciones de medidas”, donde el maestro se ha convertido en
un técnico y en la que la pasión por el saber se ha enfriado.
Hoy
nos encontramos con que el deseo , la curiosidad, la invención y la creación y
el deseo de saber de los niños muchas veces son frenados en post de las evaluaciones, las fichas a completar, las
clases “homogéneas”… el ideal del adulto.
Vemos
como para que “empezar el cole” sea una verdadera experiencia no es suficiente
con ir, llevarles y pasar alli unas cuantas horas al día… es necesario el CONSENTIMIENTO,
- Del niño: a ir más allá de mamá y papá
haciendo de la escuela la “suya”
- De mamá y papá: a no ser TODO para su
hijo
- Del maestro: a acompañar al niño en la
adquisición del saber, teniendo en cuenta su lógica y a sus tiempos.
Celeste Stecco
Psicoanalista